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Opinión

 
   
2,9 millones de euros en modernizar las explotaciones agrarias
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Grietas en la Independencia
José de Villamisar - desde PEÑALABRADesde que Carme Forcadell y otros cinco miembros de la Mesa del Parlamento catalán ...
¿REDES SOCIALES? 2ª PARTE
Luis Fco. Durán Carretero Bueno, pues como decía en el anterior artículo, esto de las redes sociales es una castaña ...

Nuestra Sierra en el ocaso de la Edad Media y el alba de la Moderna

El año de 1509 fue movido en Buitrago. Unos desconocidos acuchillaron a la salida de la villa a Márquez Fernández, el procurador del valle del Lozoya. El malogrado representante serrano llevaba en sus alforjas la resolución de un pleito en el que se dirimían los problemas entablados entre los pecheros y los hidalgos. Los que pagaban los impuestos –los pecheros- se quejaban de que unos cuantos de sus vecinos habían conseguido librarse de su pago por la vía de comprar la condición de hidalguía. No era poca cosa ser hidalgo en el siglo XVI. Aunque era el rango más bajo de la nobleza, libraba de apechar, al tiempo que hacía recaer la carga de los impuestos al resto de la población. Por supuesto, lo que Márquez tenía en sus alforjas era la decisión del concejo de Buitrago de no aceptar esa compra de la hidalguía, a todas luces ilícita.

 

Mucho antes del petróleo: la producción de carbón vegetal en la Sierra Norte

En los montes de nuestra sierra se elaboraron buena parte de las 35.000 toneladas de carbón vegetal que Madrid consumió anualmente durante el siglo XVIII. En Manzanares, Miraflores, Guadalix, Torrelaguna o el valle del Lozoya cientos de trabajadores se afanaron en talar y quemar los pinos, robles y, sobre todo, los rebollos, que una vez trasportados a la capital, servirían para calentar las casas de los madrileños y cocinar sus alimentos. Fue un esfuerzo titánico que requirió de una organización tendente a que los 60 montes serranos que se carboneaban al año no dejaran de hacerlo puntualmente. Porque una vez que uno quedaba esquilmado debían pasar largos períodos de renovación de los árboles –de 7 a 15 años en el caso de los rebollos, y de 20 en el de los robles- para que pudieran volver a ser aprovechados en plenas condiciones.

Adjuntos:
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El Valle Neandertal El conocimiento simbólico en el yacimiento del Calvero de la Higuera

Los yacimientos del Calvero de la Higuera de Pinilla del Valle aportan todos los años muchos datos para comprender un ámbito temporal que abarca entre los 40.000 y casi los 200.000 años. A lo largo de los años se han descubierto infinidad de restos de animales: desde pequeños roedores a los grandes herbívoros (uros, rinocerontes...) y carnívoros (leones, hienas); además de molares de Neanderthal de individuos adultos y de un infante.
Desde el año 2002 Senda Norte ha asistido al desarrollo y crecimiento de este yacimiento dirigido por Juan Luis Arsuaga (Paleontólogo), Enrique Baquedano (Arqueólogo) y Alfredo Pérez-González (geólogo) (Tenemos un especial, En la Senda del Neandertal, que recoge todas las noticias y artículos que hemos publicado).

VIII edición de la Feria del Pero

En un día nublado pero con buena temperatura se celebró la VIII edición de la Fiesta del Pero. El sonido de los dulzaineros llenó la plaza donde se ubicaron los diversos puestos.
Tras la apertura por parte de Ignacio Merino, alcalde anfitrión, hablaron también los nuevos responsables de gestionar la reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón. Durante la mañana los visitantes sendas alrededor del municipio, siendo la más seguida la del Molino ubicado sobre el río Jarama

ZARANDA, LA GALLINA SERRANA

Centro de educación ambiental Puente del Perdón

Si hay un animal que puede encontrarse en prácticamente todas las áreas rurales del planeta, ese es la gallina (Gallus domesticus). Y es que estas aves cumplen un papel importantísimo en las economías tradicionales; campando por los alrededores de la casa consiguen alimento, aportan estiércol, carne y huevos, y sólo precisan para ello grano y un habitáculo resguardado, seco y seguro donde dormir, incubar y poner los huevos. En el paisaje de la Sierra Norte madrileña, la estampa de las gallinas buscando algo que comer recorriendo las calles sin dejar de picotear, era un hecho cotidiano.

 

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