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LA MIGRACIÓN DE LAS AVES

SeaMapaImigracion237Miguel Ángel Granado
¿Por qué en el mundo de las aves hay especies que son migratorias y otras no?
El fenómeno de la migración continúa sin estar del todo resuelto a día de hoy. Se sigue investigando y conociendo datos significativos al respecto. Es muy complejo, existen multitud de casos y las variables son grandes. Hay aves muy parecidas, de la misma familia, en las que unas realizan viajes de miles de kilómetros y otras son residentes. Por poner un ejemplo cercano, en el último artículo hablábamos del Escribano hortelano, único migrante de las siete especies de escribanos presentes en España. Además, dentro de la misma especie, no todas las poblaciones realizarán esos largos desplazamientos, lo que es conocido como migración parcial. Incluso, en una misma población puede darse un patrón diferente de cronología y migración, basada en aspectos como el sexo o la edad: en Escandinavia únicamente las hembras de Pinzón vulgar (Fringilla coelebs) migran, los machos permanecen como residentes. De hecho por este motivo recibe ese nombre científico, ya que la palabra coelebs significa soltero. Trataremos de abordarlo de una manera sencilla y, dejaremos para los biólogos y ambientalistas esas cuestiones más difíciles.
En primer lugar, centrándonos en nuestro país y, si nos fijamos en la ilustración que acompaña al texto, gentileza de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife), observamos que llegan aves tanto desde el norte como desde el sur. Es en otoño e invierno cuando nos visitan las que crían en latitudes más septentrionales, conocidas como especies invernantes. Os habréis percatado que en los humedales hay muchos más ánades en invierno que en verano; al igual que garzas o limícolas. Especies como la Grulla común, nos visitan en gran número desde noviembre a marzo. Al llegar la primavera, emprenden de nuevo viaje hacia lugares como Escandinavia o hacia el centro y noreste del continente asiático. Casi coincidiendo con la partida de las invernantes, a veces solapándose, llegan las conocidas como especies estivales, procedentes del sur, fundamentalmente del continente africano. Han pasado el invierno en lugares más cálidos y ahora, aprovechando el buen tiempo, el mayor número de horas de luz diarias y con ello la abundancia de alimento, vienen a criar a nuestra península y otros países europeos. Con estos factores a su favor, podrán sacar mayor número de pollos que si permanecieran en latitudes meridionales, por debajo del Ecuador, donde en esas fechas los días se acortan; allí llega el invierno. Ejemplos de estivales hay muchas, de mayor y menor tamaño, de todas las familias: rapaces como el Milano negro, Alimoche o Autillo, ardeidas como la Garza imperial o el Martinete; paseriformes como la Golondrina común, Avión común, Ruiseñor común o la Oropéndola europea; los vencejos, cucos, abejarucos, papamoscas, cigüeñas,...Es ahora, en fechas que abarcan desde mediados de agosto hasta finales de octubre cuando, dependiendo de las distintas especies, se marcharán y no volveremos a verles hasta el próximo ciclo de buen tiempo.
Por tanto, ya sean invernantes o estivales, realizarán dos viajes al año, llamados prenupcial y postnupcial; antes y después de la época reproductora. En muchos casos estas migraciones son de miles de kilómetros. Asimismo, en las especies residentes se producen movimientos; aunque estos desplazamientos son de pequeñas distancias en la mayoría de los casos. Especies como el Treparriscos o el Mirlo acuático, habitantes típicos de las zonas de montaña, descienden a altitudes inferiores ante la llegada del frío. También sucede con los mamíferos. ¿Y cuando saben estos pájaros que ha llegado el momento de emprender el viaje? Evidentemente no saben de fechas ni calendarios; hay un motivo principal en cualquier ser vivo, que es la disponibilidad de alimento. Y esta, está condicionada por la temperatura y la duración de horas de luz diarias, principalmente. Hay tanto factores genéticos como estímulos que llegan al sistema nervioso de las aves y que provocan cambios hormonales; estos desencadenan la necesidad de comenzar el viaje.
Otro factor a tener en cuenta es el agrupamiento en grandes bandos, lo cual conlleva un menor gasto energético durante las etapas; en la mayoría de las especies se producen estos viajes en conjunto. Además, es sabido que se orientan por el sol, que perciben los campos magnéticos y, que utilizan referencias visuales y olfatorias. Como comentaba al principio, la migración de las aves es un fenómeno que daría para escribir muchas páginas, hay mucha documentación por si os interesa. Para terminar me permito una recomendación: Nómadas del viento (Le peuple migrateur), una película francesa del año 2001, cuyas protagonistas son ellas, las aves migratorias. Una delicia de imágenes, música y narración.

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