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¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?

 

 

 

Rosa Ortega
En mi escuela había una maestra: la señorita María. En mi escuela estaban los niños por un lado y las niñas por otro, apenas nos rozábamos. Tampoco Don Manuel y la señorita María hablaban, ambos sabían lo que tenían que hacer y nadie se hubiera atrevido a dudar de su trabajo.
En la escuela de ahora todos opinan y preguntan y controlan y denuncian, pero no hay un secretario eficiente para recoger sus palabras, valorar sus experiencias, volver a preguntar al mes siguiente y trasladar sus opiniones. Tal vez estaría bien crear un consejo de profesores para que hagan que la vida en la escuela llegue hasta los políticos y todos juntos elaboren una ley que nos dure unos añitos. Pero ese es otro tema.

 

Historias familiares

 

 

 

Rosa Ortega
Pueblo de Soria, familia numerosa de los años 50. No hay dinero ni para comer y el padre se va a trabajar a Suiza. Con el tiempo y la distancia se crea una nueva tropa de niños suizos que llevan apellidos españoles. Hermanos suizos que comen dinero ganado en Suiza. Sigue la ruina y el abandono en un pueblo de Soria.
20 de noviembre de 2016, conversación entre dos personas entradas en años: "Los niños de ahora tienen de todo, no valoran nada y tardan en madurar". Reflexión: Algunos niños y niñas de ahora tienen de todo, no valoran casi nada y no maduran jamás, el resto hace lo que puede, como ha ocurrido siempre.
Niña de 7 años que cuenta a una desconocida que sus padres se han divorciado. Ella todavía no sabe que esto tal vez haga que su vida sea más feliz. De momento le habían ofrecido un dos por dos con protección total y va a tener que adaptarse. Busca amparo. Reflexión: El espejismo de las familias normalizadas: la realidad nos muestra que el mundo siempre ha sido diverso.

Estoy hecha un lío

Rosa Ortega

Dime la verdad-le dije- ¿yo soy invisible? No me quedé a escuchar la respuesta.
Después pensé en el momento en el que las mujeres se hacen invisibles a la par que imprescindibles. ¿Será a partir de los cincuenta? O será cuando su pelo se vuelve gris caoba o en el momento en que su rostro pierde firmeza para ganar tranquilidad? Será que tiene que ser así para que la vida fluya y el cortejo continúe?
Desde que empecé a escribir en este periódico he intentado centrar mis reflexiones a partir de tres ejes: el placer de leer, la importancia de la educación y la necesidad de desarrollar en los niños y valorar en los adultos el pensamiento cuidadoso, o sea, la dedicación y el cuidado de los otros, los que nos rodean. Tal vez las miras fueron demasiado elevadas. Si me hubiera centrado en evidenciar la incompetencia de nuestros políticos para llegar a acuerdos, formar gobierno y no convocar unas terceras elecciones (supongo que ganará el que ha sido capaz de esperar hasta ver pasar el cadáver de su vecino). Si hubiera peleado por bajar el precio de las tasas universitarias, hubiera derramado lagrimas porque vuelven las reválidas y les hubiera atormentado con listas interminables de libros imprescindibles para formar buenos lectores. Si hubiera hecho todo esto, ahora sabría que este espacio es para la denuncia y tal vez viera claro cuál es la senda a seguir.
Siguiendo la lógica de la narración, en este preciso momento debería volver a hablar de la invisibilidad de las mujeres de cierta edad, físico o actitud. No puedo, lo siento, los árboles no me dejan ver el bosque. Aún así creo que es una paradoja más de esta sociedad envejecida, que idolatra la juventud y se sirve de los mayores.

ESCUCHA ACTIVA

 

 

 

Rosa Ortega
Según la RAE laicidad significa: "condición de laico o principio que establece la separación entre la sociedad civil y la sociedad religiosa", pero ¿qué es lo contrario de laicidad? tal vez ser religioso o practicar una religión?
¿Podríamos entender que una sociedad entera fuese religiosa o practicase una religión o muchas y además hubiera orden y respeto entre todas ellas?
Para muchos sería el paraíso, lo inalcanzable y también el final de muchas guerras y de todo aquello que más desgasta y enfrenta a las personas.

TODOS LOS AGOSTOS SE PARECEN

 

 

 

 

Rosa Ortega
Acabo de darme cuenta que también en verano se publican noticias y se distribuyen periódicos. Es algo así como pretender interesarnos en algo más que un pedacito de sombra y un trago de agua sin tratar. En el artículo del mes pasado solo pude hablar de los nombramientos a dedo de directores en centros públicos de la comunidad de Madrid y de la rabia y frustración que supone para padres, alumnos y profesores que la administración imponga equipos directivos, en centros que funcionan y sobre todo que luchan cada día por mejorar su trabajo. En algunos de estos centros continúan con las movilizaciones y las protestas de toda la comunidad educativa. Seguiremos en septiembre muy pendientes de su lucha.
Pero estamos en agosto, mes de las vacaciones para muchos, mes del hastío para algunos. Mes del encefalograma plano, de la siesta eterna, del vuelva usted en septiembre, de la playa, de los viajes. Mes para seguir pensando, deleitándonos con un buen libro.

 

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