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Apuntes para curiosear

Rosa Ortega Serrano
Me emociona pensar que dentro de unos pocos años serán mis nietos y los hijos de mis nietos los que contemplen las vigas de mi casa, decido que quiero estar de este lado de la vida, con una mirada de comunión con el mundo y la dulzura de un porvenir que me gusta.
Digo todo esto porque es domingo y llevo toda la mañana escuchando la radio en positivo: a primera hora científicos de una empresa de Valencia cuentan que han empleado una bacteria para crear plásticos que se desintegran tras su uso y te hacen olvidar esos océanos de desechos, tan artísticos como dañinos. Tras un paréntesis de reflexión egocéntrica por parte de un intelectual con premio planeta, escucho las palabras de una doctora en antropología que habla de conciliación laboral y familiar desde la perspectiva de las necesidades del niño y de su madre y/o padre y no desde el lenguaje igualitario del mercado y de la corrección política. En julio de este año el gobierno de Pedro Sánchez y Unidos Podemos pactaron la equiparación progresiva del permiso de paternidad al de maternidad, según el acuerdo alcanzado para los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el año que viene. En 2019, dicho permiso se ampliará a ocho semanas, lo que supondrá un coste de 300 millones de euros, (informa Europa Press). Hasta aquí es perfecto. Pero este permiso será intransferible entre ambos progenitores, según nos explica María José Garrido, y esto hace que las parejas vean reducida la flexibilidad con que cuentan para organizarse internamente en la crianza de sus hijos, del modo que juzguen oportuno y atendiendo a sus circunstancias particulares.
Legislar desde las personas y teniendo en cuenta las diferencias me interesa mucho y me provoca esa sensación de buen engranaje de las piezas del pensamiento. Parece que nos olvidamos que es la mujer la que pare y amamanta al bebé y que son los dos, padre y madre, los que deben decidir quién se ocupa del niño, sin miedo a pérdidas laborales o represalias empresariales.

 

No hay nada nuevo bajo el sol

Rosa Ortega Serrano
Me dice el director de este periódico que escriba sobre el plagio y le miro con cara de sorpresa. ¡La vida es un plagio! Pienso. ¡Si yo cada vez me parezco más a mi madre! Claro está que no debe ser lo mismo copiar a otro para aprender, que plagiar a otro para acumular méritos que no se tienen, pero convendrán conmigo que plagiar es una preciosa palabra propia de otras épocas más correctas y ceremoniosas.
Sin duda hablo de esto porque a todos nos ronda por la cabeza el tema de los másteres y tesis que han hecho, o han dejado de hacer, los tres políticos que rumian el poder. Me parece bien que a partir de las denuncias del diario.es se haya logrado destapar parte de la corrupción, la misoginia o el tráfico de influencias que circula por algunas universidades españolas, pero llenar la prensa con noticias sobre los cursos acumulados por algunos políticos cuando ya hemos convenido que no siempre son los más listos los que acceden a los puestos de gobierno, puede resultar redundante.

EXCESO DE PALABRAS PARA EXPLICAR PALABRAS

Rosa Ortega Serrano
Estamos en verano y espero que mis cinco lectores fieles gocen de un chispeante descanso, lejos de la educación pública y sus sinsabores. Y siendo así me relajo, y como otras muchas veces de estío cerebral voy a la prensa y leo. Leo sin parar noticias sobre la contienda entre los que han perdido el paraguas del poder y ahora "matan" para no mojarse. Miro por encima la noticia sobre la exhumación de los restos del dictador y me asusta pensar que los huesos de un abuelo, aunque haya sido un mal hombre, sean rechazados por su familia y puedan acabar en un contenedor.
Descubro que los trabajadores y las trabajadoras de Amazon inician hoy una huelga por motivos salariales y de deslocalización de los centros de producción. Pienso que este paro puede favorecer indirectamente a la industria farmacéutica ya que no cuesta imaginar la cantidad de ansiolíticos que van a consumir los clientes de Amazon cuando el paquete llegue tarde o no llegue nunca. Por cierto el ordenador me señala que Amazon se escribe con mayúscula e importa mucho.

Viendo pasar la vida

Rosa Ortega Serrano
Me gustan los cuentos veraniegos, cortos, sin pretensiones y directos al corazón. Será por esto que ayer cogí el coche y me fui a Madrid. En realidad buscaba un poco de cultura embotellada con etiqueta de lienzo, escultura o fotografía, pero he ahí mi error. Casi siempre que visito la ciudad lo que necesito son historias de gente que pide cosas, que viste como quiere y sobre todo que murmura, habla, grita, pregunta y me tiene con los ojos como platos, incapaz de sentir mi desapercibimiento o mi individualidad, conceptos ambos que utilizo pero no practico desde que vivo en el campo, entre otras cosas porque tantos estímulos juntos como ofrece la ciudad sirven para distraer mi atención, al menos tres décadas. Este es el tiempo más o menos que llevo viviendo en esta sierra y también el que llevo yendo a Madrid, para disfrutar absorta del embobamiento que supone tanta gente haciendo tantas cosas.

La sonrisa del mono loco

Rosa Ortega Serrano
En el momento de sentarme en el ordenador me doy cuenta de las dificultades que tengo para contar una vez al mes, lo que otros cuentan sin parar cada día. En este tiempo he intentado adoptar un tono serio y cargado de complicidad con mis cuatro lectores fieles, ya sea hablando de educación o de política de las ocurrencias, pero esto de la democracia representativa es para partirse de risa y dejar de leer novelas policíacas o de aventuras, para sumergirse en la realidad de la vida de aquellos a los que votamos. Y si no pasen y vean...
Deduzco de las informaciones recibidas que los políticos de izquierdas no pueden tener jardín. Su compromiso con la sociedad les obliga a vivir en pisos que no excedan de 80 metros y tengan solo dos ventanas al exterior. Ellos y ellas son feos, taciturnos y no visitan la peluquería. Siempre compran coches de segunda mano y utilizan placas solares y banca sostenible. Y a esto le llamamos compromiso, rigor ético y capacidad de gestión pública. Los políticos de derechas han estudiado derecho o Icade, con sus correspondientes másteres, llevan corbata y arrastran las eses. Tienen varios coches en el garaje de su casa de 200 metros, pero no saben cómo han llegado hasta ahí. A esto también le llaman compromiso con la hacienda pública, elevado sentido moral y mucha formación para la gestión. Todos ellos cobran un plus por difícil desempeño y luchan por conservar y enriquecer su trabajo. Recordemos que el cinismo es una forma de vivir, pero también de pensar y de expresarse.

 

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