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Viendo pasar la vida

Rosa Ortega Serrano
Me gustan los cuentos veraniegos, cortos, sin pretensiones y directos al corazón. Será por esto que ayer cogí el coche y me fui a Madrid. En realidad buscaba un poco de cultura embotellada con etiqueta de lienzo, escultura o fotografía, pero he ahí mi error. Casi siempre que visito la ciudad lo que necesito son historias de gente que pide cosas, que viste como quiere y sobre todo que murmura, habla, grita, pregunta y me tiene con los ojos como platos, incapaz de sentir mi desapercibimiento o mi individualidad, conceptos ambos que utilizo pero no practico desde que vivo en el campo, entre otras cosas porque tantos estímulos juntos como ofrece la ciudad sirven para distraer mi atención, al menos tres décadas. Este es el tiempo más o menos que llevo viviendo en esta sierra y también el que llevo yendo a Madrid, para disfrutar absorta del embobamiento que supone tanta gente haciendo tantas cosas.

 

EXCESO DE PALABRAS PARA EXPLICAR PALABRAS

Rosa Ortega Serrano
Estamos en verano y espero que mis cinco lectores fieles gocen de un chispeante descanso, lejos de la educación pública y sus sinsabores. Y siendo así me relajo, y como otras muchas veces de estío cerebral voy a la prensa y leo. Leo sin parar noticias sobre la contienda entre los que han perdido el paraguas del poder y ahora "matan" para no mojarse. Miro por encima la noticia sobre la exhumación de los restos del dictador y me asusta pensar que los huesos de un abuelo, aunque haya sido un mal hombre, sean rechazados por su familia y puedan acabar en un contenedor.
Descubro que los trabajadores y las trabajadoras de Amazon inician hoy una huelga por motivos salariales y de deslocalización de los centros de producción. Pienso que este paro puede favorecer indirectamente a la industria farmacéutica ya que no cuesta imaginar la cantidad de ansiolíticos que van a consumir los clientes de Amazon cuando el paquete llegue tarde o no llegue nunca. Por cierto el ordenador me señala que Amazon se escribe con mayúscula e importa mucho.

ESENCIA DE VIDA

Rosa Ortega Serrano
El dios de la casa, nuestro tesoro, ese ser por el que daríamos la vida porque es el fruto de nuestro vientre, se ha convertido en un tirano.
¿Qué está pasando para que jóvenes tan ilusionados, tan equilibrados, con tanta información, se conviertan en padres sobreprotectores? ¿Hasta dónde llega su responsabilidad o la del resto de personas que acompañamos su crianza? Este es sin duda un problema social que atañe al sistema educativo, al mercado de trabajo, a las leyes de conciliación familiar y hasta al sostenimiento del sistema de pensiones de la seguridad social. Estos niños son el presente y el futuro, y si solo aprenden a mirarse el ombligo, todos vamos a tener problemas.

La sonrisa del mono loco

Rosa Ortega Serrano
En el momento de sentarme en el ordenador me doy cuenta de las dificultades que tengo para contar una vez al mes, lo que otros cuentan sin parar cada día. En este tiempo he intentado adoptar un tono serio y cargado de complicidad con mis cuatro lectores fieles, ya sea hablando de educación o de política de las ocurrencias, pero esto de la democracia representativa es para partirse de risa y dejar de leer novelas policíacas o de aventuras, para sumergirse en la realidad de la vida de aquellos a los que votamos. Y si no pasen y vean...
Deduzco de las informaciones recibidas que los políticos de izquierdas no pueden tener jardín. Su compromiso con la sociedad les obliga a vivir en pisos que no excedan de 80 metros y tengan solo dos ventanas al exterior. Ellos y ellas son feos, taciturnos y no visitan la peluquería. Siempre compran coches de segunda mano y utilizan placas solares y banca sostenible. Y a esto le llamamos compromiso, rigor ético y capacidad de gestión pública. Los políticos de derechas han estudiado derecho o Icade, con sus correspondientes másteres, llevan corbata y arrastran las eses. Tienen varios coches en el garaje de su casa de 200 metros, pero no saben cómo han llegado hasta ahí. A esto también le llaman compromiso con la hacienda pública, elevado sentido moral y mucha formación para la gestión. Todos ellos cobran un plus por difícil desempeño y luchan por conservar y enriquecer su trabajo. Recordemos que el cinismo es una forma de vivir, pero también de pensar y de expresarse.

LO DESEABLE

Rosa Ortega Serrano
Miro y remiro entre los pliegues de mi vestido por si puedo encontrar una historia que contar. Miro y remiro entre las noticias de los periódicos por si hay algo que yo pueda comentar, sin entrar en detalles, sin molestar, respetando para ser respetada, escuchando para que me escuchen o callando para no hablar por hablar. Esto que parece de sentido común, es una de las cosas que más cuestan en la vida.
Por ejemplo, acabo de leer que Cristina Cifuentes obtuvo su Máster en una Universidad pública con notas falsificadas. A continuación, una catarata de réplicas y contrarréplicas argumentando que todo se debe a un error administrativo y que en realidad "se transcribieron mal las calificaciones reales". Imagino que desde el puesto que ocupa y dado el alto nivel de compromiso ético que tiene con la comunidad, estará muy disgustada por no haber ido antes a recoger las notas y así subsanar el error a tiempo. Pequeños gestos que contribuyen a la formación moral de niños y jóvenes.! Muy importante el modelo en educación.

 

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