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La economía de andar por casa

Rosa Ortega Serrano
El dispendio nos ha invadido. Abrimos una puerta y aparecen cien regalos, movemos un árbol y caen monedas de chocolate. No es difícil encontrar niños y niñas cargados de deseos de poseer cosas que les brindaran un minuto de placer y años de reciclaje. Parece que ha llegado el momento de ocuparse de educar la necesidad de saber en vez de la de poseer.
Para los que tienen hijos e hijas pequeños, vamos a crear el banco del tiempo. Se puede inventar una entidad familiar que preste tiempo según necesidades y que premie la inversión en tiempo de distintas calidades con seguros para el alto riesgo comunitario, traducido en valores como recoger por ti la mesa o limpiarte la habitación. Se me ocurre que hacer los deberes de tu hermano pequeño tenga el 5% de rentabilidad sobre la inversión de hacer la cama y sacar al perro. Se puede dejar en bolsa todo el dinero que utiliza la familia para comida y obligar a los hijos a comprar y vender productos básicos para que aprendan el valor de los alimentos y la tragedia de no tenerlos.

 

¿PARA CUÁNDO EL PACTO EDUCATIVO?

Rosa Ortega Serrano
Ana entra en casa bastante indignada y convoca a su familia. El objetivo de la reunión será la elaboración de una ley de educación.
Ana tiene cuatro hijos: una en tercero de Educación Infantil, otro en cuarto de Primaria, la adolescente en segundo de la ESO y el mayor, que va para astronauta y cursa segundo de Bachillerato.
Convoca al padre de sus hijos y le da el papel de escriba. Por supuesto que Ana está harta de que tanto diputado interesado dedique horas de trabajo costeado por todos para volver a redactar un preámbulo lleno de intenciones más o menos intencionadas, establezca los principios y fines de la educación que mejor le convengan, determine la parte común de la ley y la que las autonomías puedan decidir, ordene las distintas enseñanzas y organice la formación del profesorado, los centros docentes, la evaluación y la autoevaluación, la inspección y, por último lo más importante, la financiación de la ley. Esto debería suponer crear un fondo económico para los hijos, nietos y biznietos de Ana y lograr que los primeros salgan tan cultos y bien educados que cuando gobiernen dediquen mucho dinero para planes educativos que a su vez crearán más gente culta y bien educada. Es como la pescadilla que se muerde la cola pero con la cultura y la educación.

No hay nada nuevo bajo el sol

Rosa Ortega Serrano
Me dice el director de este periódico que escriba sobre el plagio y le miro con cara de sorpresa. ¡La vida es un plagio! Pienso. ¡Si yo cada vez me parezco más a mi madre! Claro está que no debe ser lo mismo copiar a otro para aprender, que plagiar a otro para acumular méritos que no se tienen, pero convendrán conmigo que plagiar es una preciosa palabra propia de otras épocas más correctas y ceremoniosas.
Sin duda hablo de esto porque a todos nos ronda por la cabeza el tema de los másteres y tesis que han hecho, o han dejado de hacer, los tres políticos que rumian el poder. Me parece bien que a partir de las denuncias del diario.es se haya logrado destapar parte de la corrupción, la misoginia o el tráfico de influencias que circula por algunas universidades españolas, pero llenar la prensa con noticias sobre los cursos acumulados por algunos políticos cuando ya hemos convenido que no siempre son los más listos los que acceden a los puestos de gobierno, puede resultar redundante.

Apuntes para curiosear

Rosa Ortega Serrano
Me emociona pensar que dentro de unos pocos años serán mis nietos y los hijos de mis nietos los que contemplen las vigas de mi casa, decido que quiero estar de este lado de la vida, con una mirada de comunión con el mundo y la dulzura de un porvenir que me gusta.
Digo todo esto porque es domingo y llevo toda la mañana escuchando la radio en positivo: a primera hora científicos de una empresa de Valencia cuentan que han empleado una bacteria para crear plásticos que se desintegran tras su uso y te hacen olvidar esos océanos de desechos, tan artísticos como dañinos. Tras un paréntesis de reflexión egocéntrica por parte de un intelectual con premio planeta, escucho las palabras de una doctora en antropología que habla de conciliación laboral y familiar desde la perspectiva de las necesidades del niño y de su madre y/o padre y no desde el lenguaje igualitario del mercado y de la corrección política. En julio de este año el gobierno de Pedro Sánchez y Unidos Podemos pactaron la equiparación progresiva del permiso de paternidad al de maternidad, según el acuerdo alcanzado para los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el año que viene. En 2019, dicho permiso se ampliará a ocho semanas, lo que supondrá un coste de 300 millones de euros, (informa Europa Press). Hasta aquí es perfecto. Pero este permiso será intransferible entre ambos progenitores, según nos explica María José Garrido, y esto hace que las parejas vean reducida la flexibilidad con que cuentan para organizarse internamente en la crianza de sus hijos, del modo que juzguen oportuno y atendiendo a sus circunstancias particulares.
Legislar desde las personas y teniendo en cuenta las diferencias me interesa mucho y me provoca esa sensación de buen engranaje de las piezas del pensamiento. Parece que nos olvidamos que es la mujer la que pare y amamanta al bebé y que son los dos, padre y madre, los que deben decidir quién se ocupa del niño, sin miedo a pérdidas laborales o represalias empresariales.

Viendo pasar la vida

Rosa Ortega Serrano
Me gustan los cuentos veraniegos, cortos, sin pretensiones y directos al corazón. Será por esto que ayer cogí el coche y me fui a Madrid. En realidad buscaba un poco de cultura embotellada con etiqueta de lienzo, escultura o fotografía, pero he ahí mi error. Casi siempre que visito la ciudad lo que necesito son historias de gente que pide cosas, que viste como quiere y sobre todo que murmura, habla, grita, pregunta y me tiene con los ojos como platos, incapaz de sentir mi desapercibimiento o mi individualidad, conceptos ambos que utilizo pero no practico desde que vivo en el campo, entre otras cosas porque tantos estímulos juntos como ofrece la ciudad sirven para distraer mi atención, al menos tres décadas. Este es el tiempo más o menos que llevo viviendo en esta sierra y también el que llevo yendo a Madrid, para disfrutar absorta del embobamiento que supone tanta gente haciendo tantas cosas.

 

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